Puesto que es mejor prevenir que curar, la técnica de AMFE fue desarrollada como un método sistemático de identificación e investigación de las debilidades potenciales de un diseño o proceso.
Desarrollado durante la década de los 60, son conocidas sus aplicaciones en los primeros viajes espaciales realizados por la NASA. En la actualidad su uso es prácticamente obligatorio en toda actividad de diseño y fabricación, especialmente en los sectores de automoción, electrónica y alimentación (donde se conoce como ARCPC), como base de partida para la elaboración de un plan de control eficiente.
AMFE define qué es lo que puede fallar, antes de que esto ocurra. Jerarquiza cuantitativamente estos problemas potenciales y desarrolla acciones detalladas para mejorar sistemas, diseños y procesos de fabricación, constituyendo un elemento básico en todo proceso planificación avanzada de calidad.
La utilización efectiva de esta técnica precisa de dos elementos clave: un equipo de trabajo multidisciplinar y unas buenas herramientas de análisis, constituidas por el análisis funcional, para el AMFE de diseño, y el diagrama de flujo para la variante de proceso.