¿Cuánto tiempo dedicamos cada día a resolver los problemas, pequeños o grandes, que van surgiendo? Es difícil dar una respuesta concreta a esta pregunta, pero todas las empresas dedican una buena porción de su masa salarial a la resolución de los imprevistos que van apareciendo de manera continua.
Por naturaleza, en la solución de problemas empleamos un planteamiento reactivo, y lo que queremos es implantar una solución lo antes posible y poder dedicarnos a cosas más importantes. Sin embargo, esta premura nos lleva muchas veces a desaprovechar la ocasión de solucionarlo definitivamente.
El empleo de la metodología 8 D para la resolución de problemas no se limita a rellenar el formulario que nuestro cliente nos pide; implica dedicar algunos recursos más, pero en contrapartida nos ofrece el aprovechamiento del conocimiento de un equipo, un análisis preciso del problema mediante los útiles más adecuados, el seguimiento de una secuencia lógica y la implantación de soluciones eficaces.